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Navidad y Reyes Magos

Regalar en Navidad y los Reyes Magos.


REGALAR EN NAVIDAD. ORIGEN DE LA COSTUMBRE
Estamos ante una de esas palabras diferenciales que contribuyen a definir el espíritu de una lengua y por tanto de la cultura de la que es vehículo. En su origen es un adjetivo de donum, que se sobreentiende. Regale donum es un obsequio regio, un presente digno de un rey, un auténtico regalo. El adjetivo en cuestión es regalis, regale, que se forma a partir derex, regis = rey. Significa por tanto real (de realeza), majestuoso, dignísimo, regio. "A cuerpo de rey", que decimos en español castizo. Eso conecta con la teoría y la expresión de que "cada uno tiene un rey en el cuerpo". Para lo que sirven el regalar, el regalarse y toda clase de regalos es para complacer al rey que cada uno llevamos dentro.

Muy bien hasta ahí. Pero hemos de seguir con el espíritu del regalo que con tanto brillo resplandece en la Navidad. A poco que analicemos los mitos y ritos creados en torno al Niño Dios cuyo nacimiento se conmemora, vemos que hemos ido de cara a amplificar tanto el aspecto regalo de la historia, que hemos puesto a los pastores en el Pesebre haciendo cola para ofrecer sus regalos (éstos, alimentarios), en dura competencia con los magos (magoi /mágoi dice el texto griego). Ahí tenemos, pues, a los Magos hechos unos Reyes, y a los pastores que de hecho se olvidan del extraordinario mensaje que les ha anunciado el ángel, preocupados como están de llevarle al recién
nacido sus regalos (de los que nada dicen los Evangelios). Natum videte regem angelorum, dice el Adeste fideles: ved al nacido rey de los ángeles. Es que ese pobrecito que ha nacido en el pesebre es nada menos que el Rey, el Señor, y en su condición de tal va todo el mundo a rendirle homenaje real con sus regalos, es decir con presentes dignos de un rey.

Y llegamos al espíritu del regalo: antes de que se instituyeran las fiestas de Navidad, existía ya en Roma una intensa cultura del regalo. Cuando el año empezaba, siguiendo el antiguo calendario religioso, el 1 de marzo, a este día se le llamaba Dies Natalis (lo que nacía era el año). Y era ya habitual que en ese día los maridos les hiciesen a sus esposas pequeños regalos (parasoles, bisutería de calidad, etc.). Esta costumbre no sólo se mantuvo, sino que se acrecentó al trasladar el principio del año civil al 1 de enero (año 150 a. JC.). Todo el mundo regalaba a todo el mundo, porque se creyó que esa era la mejor manera de atraer la suerte. Y puesto que de eso se trataba, se regalaban amuletos, dijes y demás colgantes de los que dicen que traen suerte, junto con exquisiteces alimentarias como salazones, miel, higos secos, etc. Y además se añadía como regalo especial unas monedas de cobre de escaso valor, para que sirvieran de cebo al dinero y a la riqueza (era el aguinaldo).

Lo más singular de todo es que siendo destinatarios de esos regalos de buen augurio todas las personas a las que uno quería bien, los emperadores romanos fueron los primeros en apuntarse: Calígula instituyó el rito de salir cada día primero de enero a la puerta del palacio a recibir con sus propias manos las monedas de cobre que le ofrecían sus ciudadanos y súbditos. Tiberio procuraba no estar en Roma ese día para no seguir ese ritual, y otros emperadores lo abolieron e incluso frenaron esa tendencia a los regalos.

Era inevitable, pues, que en la Navidad cristiana se canalizase y se cristianizase en gran medida esa costumbre tan arraigada de regalar. Todos los movimientos de solidaridad y de caridad cristiana tienen su máxima expresión precisamente en estos días. Pero claro, lo que importa a efectos léxicos es que entre las muchas palabras que teníamos para denominar el regalo (donum, por ejemplo), fuésemos a elegir precisamente ésta, que le da la doble dimensión de obsequio procedente de un rey o destinado a él, y la de placer exquisito, tanto de quien regala, como de quien recibe el regalo.

Y LOS REYES MAGOS ?

Alrededor de los Reyes Magos hay cierto misterio. Se sabe que en el evangelio de San Mateo, se dice que fueron a ver al Niño Jesús, y le dejaron presentes de oro, incienso y mirra. Luego se marcharon. Nada se dice acerca de cuentos eran, su origen, sus nombres, su personalidad, sus rasgos. Ha sido la tradición cristiana quien les ha otorgado su identidad, su raza y profesión.

También se conoce que fueron recibidos en Jerusalén por el rey Herodes, quien estaba inquieto por conocer más detalles sobre las profecías que decían que por esos tiempos nacería un Mesías. Herodes se interesó por saber quién y dónde se encontraba ese "rey de los judíos" que buscaban estos "extranjeros". Les pidió que, en cuanto lo encontraran, le avisaran, para "ir también a adorarlo".

Suspicaces, los Reyes Magos encontraron a Jesús, lo adoraron, y se volvieron a sus países por otro camino, advertidos por un ángel. No le dijeron palabra a Herodes, pues sospechaban de sus malas intenciones.

Herodes, cuando se percató de que los Reyes Magos no volverían a informarle, convocó a sus sabios. Ellos le dijeron que las escrituras decían que el Mesías debía nacer en Belén. Por eso, aterrorizado de que este nuevo rey de Israel lo destronara, Herodes ordenó sitiar la ciudad y matar a todos los niños menores de dos años. José, María y Jesús habían huido de la ciudad, alertados por un ángel. Fue "La matanza de los santos inocentes", que se recuerda el 28 de diciembre de cada año.

¿Eran Magos, sabios, astrónomos o Reyes?:

Realmente Mateo en su evangelio no deja claro estos aspectos así que todo lo surgido alrededor de los Reyes Magos ha sido añadido a posteriori fruto de las tradiciones o distintas culturas con base cristiana. Se cree que eran sabios, sacerdotes o astrónomos, llamados en aquella época "magos", porque venían siguiendo una estrella que presagiaba la llegada del nuevo rey.

Así según la imaginación popular los magos se convirtieron en tres. Y según el sabio Salomón en el Salmo 72 (10) venían de Tarsis, Seba y Sabá: "Los reyes de Tarsis y las islas traerán tributo. Los reyes de Sabá y de Seba pagarán impuestos. Los "magos", más tarde pasaron a ser "reyes". Esta última transformación fue al parecer producto de un intento por adaptar el nacimiento de Jesús a la profecía del salmo 72, 11 (Salomón), que señalaba que "todos los reyes caerán frente a él". Como venían con regalos para este rey que habría de nacer, la tradición los describe como reyes bondadosos, asignándoles un nombre y rasgos específicos a cada uno.

Melchor, un anciano blanco con barbas blancas. Su regalo para Jesús fue oro. El "Oro": representa su naturaleza real.

Gaspar, joven y rubio, rasurado. Su regalo fue el incienso. El "Incienso": representa la naturaleza divina de Jesús. La "alabanza", la gloria, el honor, el poder.

Baltasar, de raza negra. Su regalo fue mirra. La "Mirra": representa la naturaleza humana de Jesús y su sufrimiento y muerte futura. Lo "amargo" de nuestra vida; nuestros dolores y pecados, que se los damos al niño Jesús.

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